22 nov. 2012

Los mejores juguetes para Navidad (I): tubo de cartón del papel higiénico (confort)


Todos hemos comprobado en más de una ocasión que el mejor regalo para nuestro hijo ha sido la caja del regalo. O el papel. O la cinta que lo envolvía. O el serrín. Todo menos el regalo. De cara a la Navidad publicaremos algunos post sobre los juguetes que consideramos más apropiados para cada edad (porque además suele suceder que las recomendaciones de edad que se hacen en las cajas no siempre son apropiadas). Pero mientras llega el (o los) post un poco más serios, os haremos algunas propuestas menos oficiales, basadas en nuestra experiencia. Os animamos a compartir con nosotras ese objeto-juguete que ha hecho las delicias de vuestro hijo sin estar propiamente reconocido como juguete.

Para empezar propongo mi descubrimiento de hoy: el tubo de cartón del papel higiénico.

-Toma, para jugar- le digo a Ángela entregándole el tubo del papel higiénico gastado, mientras pongo el de repuesto.
No pregunta qué hacer, ni para qué sirve. Inmediatamente se lo lleva a la boca y dice: ¡Hola!, y así se pasa un rato repitiendo ¡Hola, hola, hola, hola! mientras me sigue a la sala de masaje. Justo cuando se empieza a cansar de decir "uooooo, uooooo" ve una marioneta de dedo que es una araña y se la pone en el índice, incitando a nuestro gato a cogerla; a continuación la esconde en el tubo de cartón: “¡A que no me pillas!”, dice con una voz de pito que pretende salir del tubo. Y luego canta un poco: la arañita, cucuñitaaaaaa… Saca y mete la araña del tubo varias veces mientras dice cosas que no puedo entender, pero la araña parece querer decir algo más: “Hasta luego, me voy”, articula finalmente la araña que se ha quedado con medio cuerpo dentro y el otro medio fuera del cartón. Ese estar medio dentro medio fuera le sugiere algo a Ángela, que empieza a cantar: “Que saque los cuernos, dice mamá, que saque los cuernos, dice mamá”. Hace referencia a la canción que dedicamos a los caracoles tras la lluvia, digo yo.
La araña ha decidido salir del tubo y recién puesta en el dedo de Ángela proclama con su voz de pito: “Tengo miedo, tengo miedo”, mientras sube por una pata de la camilla de masaje. Luego dice: “Lo siento, Ángela”. Me quedo con las ganas de saber qué iba a pasar, nos interrumpe el ruido de la puerta, Jorge acaba de llegar. Ángela sale corriendo a recibirlo: “¡Mira qué me ha dado mamá!”, la oigo gritar emocionada. “Para guardar la arañita”.

Este tipo de juego (simbólico) es muy propio de esta edad, los tres años. Cuanto más inespecífico sea el juguete, más estimula su imaginación, la auténtica protagonista. Un objeto poco definido estimula su imaginación como una nube lo  hace con la nuestra: “Mira esa nube… ¿qué es? ¡Un dragón, un camello, un señor cocinando!”. Un juguete perfectamente definido no estimula tanto la imaginación. ¿Qué es eso? Un pan de hamburguesa tremendamente veraz, con pepitas y todo. Bien, nos sirve para cocinar. ¿Y eso? Un tubo de cartón de papel higiénico, o un túnel oscuro, el escondite de una araña, un catalejo, un altavoz, un teléfono, una almohada…

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Lidia García-Fresneda

2 comentarios:

  1. Hola,soy Milexy,me encantó esta entrada,te leeré más seguido,graciaas!!

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  2. Hola Milexy, encantada de verte por aquí y de que te guste el blog! Un abrazo,
    Lidia García-Fresneda

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